Mira, pongamos el caso del ajedrez. ¿Alguna vez has jugado? Venga, me apuesto lo que quieras a que sí. Ahora, recuerda una de esas primeras partidas. No una de esas en las que sabías desde el principio que ibas a perder, porque tu primer rival era tu propio maestro; sino una de esas en las que te creías lo suficientemente poderoso como para sorprender a ese que antes era tu maestro y que ahora parecía ser el primero con el privilegio de ser vencido por ti.
¿Recuerdas cuando tenías la jugada preparada desde el principio? Ese optimismo ciego te llega hasta los ojos (¿Casualidad?), y decides trazar la jugada de principio a fin. Iras a por el rey con tu reina, obviamente. Eso será magnífico. Increíble. Deslumbrante. Una partida de ajedrez perfecta. Ya le vas pillando el sentido al ajedrez, claro, por eso las partidas de ajedrez duran tanto cuando se juegan en competición.
¡Jugadón! Ya notas ese frenesí fricky que te permite olvidar las jugadas de tu oponente y concentrarte en lo único importante: Tu propia jugada. Un peón, una torre, un alfil.
Sacas todo lo que puedes de ti mismo. Hasta mueves con grácil agilidad la mano al desplazar las piezas por el tablero. Ups, te comes un peón, un alfil, una caballo. Hasta una torre. Menudo crack. La partida se desarrolla con asombrosa rapidez, al menos, en lo que a ti respecta. El hecho de que seas tú el que mueve ficha nada más adquirir el turno, y que sea ese ex-maestro el que tarda tanto en mover, lo interpretas como síntoma evidente de que tienes la partida bajo control.
Colocas con precisión tu orgullo sobre el tablero, en forma de dama engalonada de blanco, y te preparas para arrebatar el orgullo de tu oponente, que supones que está vestido de negro allí delante. Jugada perfecta. Te atreves a soltar una sentencia de muerte:
'Jaque mate'
Casi te levantas de la silla cuando lo inevitable aparece, anunciado por esa sonrisa sarcástica que te roba tu adversario, y cuyo alimento no atinas a encontrar en el fondo de tu mente (Y, ¿por qué no decirlo?, de tu corazón). ¿Qué ha pasado?
Unos dedos como garras se abalanzan sobre tu reina. La toman entre sus manos y la sueltan de cualquier manera al lado del tablero de juego.
Buscando una explicación, tus ojos son los únicos que se atreven a seguir la línea perpendicular a donde hacía dos segundos estaba tu reina poderosamente erguida. La respuesta a tus interrogantes está allí, plantada como una mole de tierra. Una torre, que tu adversario no se ha molestado siquiera en desplazar hasta el lugar donde se situaba tu reina.
Pero lo hace, con aquello que te ha robado campando a lo largo y ancho de su cara. Aún así, se atreve a hacer un último hurto:
'Ahora sí, jaque mate'
Y entonces sientes que te hundes, que te has comportado como un chiquillo por no haber visto toda la jugada del adversario, y te arrepientes por no haberte anticipado a los acontecimientos.
Ante la mirada de tu adversario y maestro, que ha visto sustituido su botín por un gesto de compasión, casi llegas a coger a la blanca dama vestida aún de tu destrozado orgullo, pero decides que no confiarás en ella/él la próxima vez.
Porque en el fondo sabes que tu maestro/adversario te dará otra oportunidad para enfrentarte a él en otra partida de ajedrez. Y tendrás otros errores; pero este, otra vez, no. O, al menos, eso creéis.
(Venga, ¡no me digas que no sabes quién es tu maestro/adversario y qué partidas de ajedrez son las que tienes que disputar!)
domingo, 18 de octubre de 2009
lunes, 14 de septiembre de 2009
Nuevo año
Sólo un año más
Es eso, en realidad. Pero a la vez, parece algo tan extraño, y, a la vez, tan largo.
Seguro que cuando esté metido de lleno, no será nada. Sólo un curso. Pero sé cómo estoy ahora, y sé que tantas cosas pueden cambiar.
Sentimientos, lealtades, responsabilidades... y amistades.
Miro lo que fue el año pasado, y, francamente, no me asusto para nada. Quizá porque está guardado en lo ya ocurrido, y siento que tengo total control sobre mis recuerdos. Lo que me preocupa es no tener control sobre mis esperanzas.
Mañana tocará "lo de siempre". Supongo que hoy es día de despedidas, de recuerdos, y mañana... mañana toca perder el control.
Hola. Cuánto tiempo. Vente si quieres. Quiero seguir teniéndote a mi lado. Perdona por lo que haga. Prometo perdonarte siempre que me lo pidas. Prometo comportarme. Prometo sacar esto adelante. Prometo llegar a ti de una puñetera vez. Prometo ayudarte en todo lo que me pidas.
Ahora sólo queda pedirle a Dios que mis esperanzas no se vean superadas por mis comportamientos.
Es eso, en realidad. Pero a la vez, parece algo tan extraño, y, a la vez, tan largo.
Seguro que cuando esté metido de lleno, no será nada. Sólo un curso. Pero sé cómo estoy ahora, y sé que tantas cosas pueden cambiar.
Sentimientos, lealtades, responsabilidades... y amistades.
Miro lo que fue el año pasado, y, francamente, no me asusto para nada. Quizá porque está guardado en lo ya ocurrido, y siento que tengo total control sobre mis recuerdos. Lo que me preocupa es no tener control sobre mis esperanzas.
Mañana tocará "lo de siempre". Supongo que hoy es día de despedidas, de recuerdos, y mañana... mañana toca perder el control.
Hola. Cuánto tiempo. Vente si quieres. Quiero seguir teniéndote a mi lado. Perdona por lo que haga. Prometo perdonarte siempre que me lo pidas. Prometo comportarme. Prometo sacar esto adelante. Prometo llegar a ti de una puñetera vez. Prometo ayudarte en todo lo que me pidas.
Ahora sólo queda pedirle a Dios que mis esperanzas no se vean superadas por mis comportamientos.
viernes, 28 de agosto de 2009
Adios, don J Capítulo 1, parte 1
-Créeme si te digo que la etapa que vas a empezar ahora va a ser de las más importantes de tu vida. Nada que hayas escuchado parecerá tener sentido, ni nada que aprendas te servirá para el futuro. Autosuficiencia es la palabra clave.
-...
-Qué pena me das, si te digo la verdad. En cada uno de tus poros sudorosos se presiente tu miedo a esta nueva etapa. Sin embargo, te afanas en taparte, te crees que lo mejor es imitar aquel atuendo de un nómada del desierto, sin darte cuenta de que de esta forma imitas aquello que más temes: No tener un hogar fijo.
-...
-¡Serás tonto! Pero si no eres de ese clase de persona... O al menos eso intentas creer todo el rato. Que de verdad marcas huella en la gente. Al fin y al cabo, es lo que siempre te han dicho; ¿por qué te cuesta tanto creerlo? No eres como otras personas, no puedes guardar demasiado rencor. Y tú y yo sabemos de quién estamos hablando, ¿no?
-...
-Ahá... ¿Y qué te preocupa tanto de ella?
-...
-Oh, eso ha sido francamente cruel. Tú no eres mejor que ella, no tienes más amigos que ella, no eres más listo que ella, no tienes más creatividad que ella.
-...
-Bueno, quizá esa sea su forma de ver la vida. Quizá ella está a gusto así, quizá ella esté a gusto de una forma con la que tú jamás podrías conformarte. De todas formas, ¿qué me quieres decir sobre este tema?
-...
-Pues allá, tú, es tu decisión. Eres humano, es normal que permitas que te digan esa palabra de 6 letras que ya con solo ser pronunciardas endulzan el corazón de las personas.
-...
-¡Ja! El poeta eres tú, no yo. No, ni se te ocurra quitarme la razón, ahora no. A lo que iba, que ahí sólo he dicho una frase demasiado moña, ya está. En fin, ¿algo más que te preocupe del mero inicio de esta estapa?
-...
-¿Y qué hay de malo en todo ello? ¿No es ella la que mayor satisfacción te produce?
-...
-¡Venga ya! Que no naciste ayer. Ya sabes toda la envidia y la gente mala que hay en el mundo. Si te gusta, no hay nada más deba importarte...
-...
-Yo sí tengo todas mis esperanzas puestas en ti, y lo sabes. Confío fervorosamente en que conseguirás cierto triunfo en esa empresa de la que me hablas.
-...
-¡Buah! No es ser egoísta... De hecho, ese triunfo lo compartirías con otros cuatro, ¿no?
-...
-Mira, deja el tema. Ahora me tengo que ir. Luego seguimos hablando, ¿vale? Mucha suerte.
-Adios, don J. Gracias. Ya seguimos hablando.
-...
-Qué pena me das, si te digo la verdad. En cada uno de tus poros sudorosos se presiente tu miedo a esta nueva etapa. Sin embargo, te afanas en taparte, te crees que lo mejor es imitar aquel atuendo de un nómada del desierto, sin darte cuenta de que de esta forma imitas aquello que más temes: No tener un hogar fijo.
-...
-¡Serás tonto! Pero si no eres de ese clase de persona... O al menos eso intentas creer todo el rato. Que de verdad marcas huella en la gente. Al fin y al cabo, es lo que siempre te han dicho; ¿por qué te cuesta tanto creerlo? No eres como otras personas, no puedes guardar demasiado rencor. Y tú y yo sabemos de quién estamos hablando, ¿no?
-...
-Ahá... ¿Y qué te preocupa tanto de ella?
-...
-Oh, eso ha sido francamente cruel. Tú no eres mejor que ella, no tienes más amigos que ella, no eres más listo que ella, no tienes más creatividad que ella.
-...
-Bueno, quizá esa sea su forma de ver la vida. Quizá ella está a gusto así, quizá ella esté a gusto de una forma con la que tú jamás podrías conformarte. De todas formas, ¿qué me quieres decir sobre este tema?
-...
-Pues allá, tú, es tu decisión. Eres humano, es normal que permitas que te digan esa palabra de 6 letras que ya con solo ser pronunciardas endulzan el corazón de las personas.
-...
-¡Ja! El poeta eres tú, no yo. No, ni se te ocurra quitarme la razón, ahora no. A lo que iba, que ahí sólo he dicho una frase demasiado moña, ya está. En fin, ¿algo más que te preocupe del mero inicio de esta estapa?
-...
-¿Y qué hay de malo en todo ello? ¿No es ella la que mayor satisfacción te produce?
-...
-¡Venga ya! Que no naciste ayer. Ya sabes toda la envidia y la gente mala que hay en el mundo. Si te gusta, no hay nada más deba importarte...
-...
-Yo sí tengo todas mis esperanzas puestas en ti, y lo sabes. Confío fervorosamente en que conseguirás cierto triunfo en esa empresa de la que me hablas.
-...
-¡Buah! No es ser egoísta... De hecho, ese triunfo lo compartirías con otros cuatro, ¿no?
-...
-Mira, deja el tema. Ahora me tengo que ir. Luego seguimos hablando, ¿vale? Mucha suerte.
-Adios, don J. Gracias. Ya seguimos hablando.
martes, 25 de agosto de 2009
Tú... no
Tú no tendrías que estar en mi cabeza cuando lo estás.
Y mira que es una estupidez.
Pero no lo soporto.
Ni puedo con ello.
¡Madre! ¡Al ataque!
Nota a mi yo futuro: Siento ridiculizarte de esta forma =) No lo volveré a hacer, ¡te lo prometo!
Y mira que es una estupidez.
Pero no lo soporto.
Ni puedo con ello.
¡Madre! ¡Al ataque!
Nota a mi yo futuro: Siento ridiculizarte de esta forma =) No lo volveré a hacer, ¡te lo prometo!
lunes, 24 de agosto de 2009
Me parece que no, ¿eh? No...
Ya estoy un poquitín harto de vuestras tonterías.
Siempre he ido fardando por ahí que me gusta ser diferente. Que ir vestido y ser de la forma que a mí me gusta no tenía por qué ser influida por lo que los demás me dicen. Y que iba a hacer oídos sordos a los cansinos.
Pero, por Dios, que ya tenéis unos añitos. Dejad de comportaros de esa forma tan patética. Si no visto como vosotros, os jodéis. Si no me comporto como vosotros, os jodéis. Si sois unos niños de papá a los que le dejan ponerse crestas y dejarse las greñas hasta el culo, os jodéis.
Y, anda, hacedme el favor, papás, enseñadles de una vez a vuestros queridísimos hijitos que tener el pelo largo, no vestir camisetas de tirantes ni pantalones blancos, y no escuchar esa música tan preciosísima como es el requetón, no implica ser una mala compañía.
Que gente mala hay en el mundo, claro, pero anda, a ver si os quitáis esas gafas que parece que no sirven sino para entorpecer aún más vuestra visión, y abríos de una vez a lo nuevo.
Ah, y tú... A ver si se te ocurre decirme algo más por la calle, listilla =) Me gustaría ver en qué estaremos trabajando cada uno dentro de unos años.
¡Catetos!
Siempre he ido fardando por ahí que me gusta ser diferente. Que ir vestido y ser de la forma que a mí me gusta no tenía por qué ser influida por lo que los demás me dicen. Y que iba a hacer oídos sordos a los cansinos.
Pero, por Dios, que ya tenéis unos añitos. Dejad de comportaros de esa forma tan patética. Si no visto como vosotros, os jodéis. Si no me comporto como vosotros, os jodéis. Si sois unos niños de papá a los que le dejan ponerse crestas y dejarse las greñas hasta el culo, os jodéis.
Y, anda, hacedme el favor, papás, enseñadles de una vez a vuestros queridísimos hijitos que tener el pelo largo, no vestir camisetas de tirantes ni pantalones blancos, y no escuchar esa música tan preciosísima como es el requetón, no implica ser una mala compañía.
Que gente mala hay en el mundo, claro, pero anda, a ver si os quitáis esas gafas que parece que no sirven sino para entorpecer aún más vuestra visión, y abríos de una vez a lo nuevo.
Ah, y tú... A ver si se te ocurre decirme algo más por la calle, listilla =) Me gustaría ver en qué estaremos trabajando cada uno dentro de unos años.
¡Catetos!
viernes, 21 de agosto de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
Mano, pie, mano, pie, mano... ¡Un diamante incrustado!
Contener el aliento nunca se me ha dado del todo bien. Ella* me grita desde lo alto del acantilado que me dé mas prisa, que el sol allá arriba se ve con una majestuosidad impresionante.
¡Jolín! Ya me hace plantearme cosas, a mí, como si de un niño chico se tratase. ¿Y el diamante que hay a mi izquierda? ¿Lo cojo, no lo cojo? ¿Intento escarbar en la roca para cogerlo? Ya decidí comenzar a cogerlo, pero... ¿Sigo? ¿Merece la pena?
Casi atino a escuchar algunos comentarios allá arriba. Gente nueva se acerca a contemplar mi penosa escalada, y hasta escucho sus gritos.
Uno de ellos, desconocido para mí, me sorprende con una sonrisa ¿amistosa?**
-¡Coge el diamante de esta forma! ¡Es mejor así! - y me enseña su flamante mineral.
Pero a mí no me gusta demasiado como lo tiene él. No obstante, el hecho de que me grite cómo tengo que hacer las cosas... ¡Demonios! ¿Por qué me molesta tanto?
¿El orgullo es también mi compañero de cuna, como la chica de allá arriba que me ordena constantemente que me dé prisa?
Cequita suya se encuentran... ¿Los que han estado observándome durante mucho tiempo en mi escalada? Algún individuo parece dirigir la vista hacia otro lado ***, otros han desaparecido totalmente,...
Sé que quiero el diamante para enseñárselo, incluso para ponerlo junto a los minerales de mis otros amigos. Pero también es por mí, sí, ese diamante es mío, lo mostraré, lo compartiré, pero el logro será mío.
Entre los jadeos que me cortan la respiración, pude distinguir mi propio suspiro, antes de una nueva calada de... ¿Motivación, o desesperación?
¡Pum, Chim, Pas!
*Sería oportuno apuntar que siempre ha estado, está y ¿estará? ahí arriba.
**Oye, tampoco soy quien para poner en duda el que se mueva o no por intereses propios... Aún sigue existiendo la gente buena, que yo sepa
*** Cuánto dolor me impone este suceso...
¡Jolín! Ya me hace plantearme cosas, a mí, como si de un niño chico se tratase. ¿Y el diamante que hay a mi izquierda? ¿Lo cojo, no lo cojo? ¿Intento escarbar en la roca para cogerlo? Ya decidí comenzar a cogerlo, pero... ¿Sigo? ¿Merece la pena?
Casi atino a escuchar algunos comentarios allá arriba. Gente nueva se acerca a contemplar mi penosa escalada, y hasta escucho sus gritos.
Uno de ellos, desconocido para mí, me sorprende con una sonrisa ¿amistosa?**
-¡Coge el diamante de esta forma! ¡Es mejor así! - y me enseña su flamante mineral.
Pero a mí no me gusta demasiado como lo tiene él. No obstante, el hecho de que me grite cómo tengo que hacer las cosas... ¡Demonios! ¿Por qué me molesta tanto?
¿El orgullo es también mi compañero de cuna, como la chica de allá arriba que me ordena constantemente que me dé prisa?
Cequita suya se encuentran... ¿Los que han estado observándome durante mucho tiempo en mi escalada? Algún individuo parece dirigir la vista hacia otro lado ***, otros han desaparecido totalmente,...
Sé que quiero el diamante para enseñárselo, incluso para ponerlo junto a los minerales de mis otros amigos. Pero también es por mí, sí, ese diamante es mío, lo mostraré, lo compartiré, pero el logro será mío.
Entre los jadeos que me cortan la respiración, pude distinguir mi propio suspiro, antes de una nueva calada de... ¿Motivación, o desesperación?
¡Pum, Chim, Pas!
*Sería oportuno apuntar que siempre ha estado, está y ¿estará? ahí arriba.
**Oye, tampoco soy quien para poner en duda el que se mueva o no por intereses propios... Aún sigue existiendo la gente buena, que yo sepa
*** Cuánto dolor me impone este suceso...
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