Un destellito.
¡Vaya rayo de luz se filtra por la ventana! ¿no? Es un resquicio, el único que se adivina del Sol que sé que tiene que estar campando a sus anchas por el cielo en este preciso momento.
Lo que pasa es que el destello no viene de la ventana... De todas formas, ¿qué más da?
...
Como si de una alarma se tratase, el sol alumbra unos cuantos rostros pálidos acunados sobre la cama. Yo estoy tumbada, claro, ¿cómo no? Siempre he sido muy perezosa.
Alcanzo a ver el rostro de uno de los guardianes de mi sueño. La edad ha sido generoso con él, porque a pesar de las arrugas que surcan su cara, parece estar la mar de sano. Bueno, parecería de no ser por la palidez acomodada a lo largo y ancho de su cara.
¡Pero la edad no ha sido generosa con mi pelo! Noto algunos cabellos blancos sobre la parte de las sábanas más cercana a mí.
Destello.
Y tampoco he tenido suerte con mis ojos... intento entrecerrarlos un poco para distinguir las caras de los otros. Hay hasta un niño, además de 2 adultos: un hombre y una mujer. Sobre las facciones del hombre se pueden descubrir algunas pinceladas de los ojos del hombre más mayor. En el caso de la mujer, la boca obviamente le pertenece al anciano. Eso sí, en vez de con arrugas, sus labios están adornados con un pintalabios difuminado. ¡Vaya! ¡Ya la gente no sabe cuidarse! ¿Cuánto tiempo hace que se ha mirado al espejo? ¿Cuánto tiempo hace que se ha preocupado por sí misma?
Destello.
Quise levantarme. Lo juro. Pero algo muy pesado tiraba de mí hacia la cama verdosa. Intenté descubrir el origen de esta pesadez, mas lo único que noté fue una suave aguja acomodada entre los... ¿músculos? de mi antebrazo derecho. Quise levantar mi mano izquierda para quitar ese estúpido tubito que, confieso, no sé por qué estaba ahí. El caso es que otra nueva fuerza me impedía ejecutar la acción: Una mano estaba entrelazada entre la mía. Pero ese no era el impedimento. El problema era que al mirar al ancianito, aquel que me estaba cogiendo la mano, algo me impedía separarme de él.
Destello.
¡Ya está bien! Con o sin tubo, necesito saber de dónde viene ese incesante destellito. Me cuesta más de lo normal levantar la mano derecha, por donde supuestamente me implantan un poquito de salud, pero la curiosidad siempre ha primado en mi personalidad. Llevo la mano hacia el lugar desde donde salen los destellos. ¡Qué carajo, es mi pecho!
Sobre él descansa un medallón. Simple, de un material que, desde luego, no refleja la luz. Pero, oh desgracia del Señor, está abierto, y un cristal emite esos destellos. Levanto casi con emoción el medallón y...
Destello.
Ahí estoy yo, de joven. Lo sé. Voy vestida de novia. Y están esos pendientes tan bonitos que tanto me gustan. Son muy antiguos. También lo sé. Pero, demonios, ¿por qué no sé más?
Y junto a mí... Aparece una sonrisa radiante plasmada en unos labios que creo que ya conozco, cobijados bajo una mirada que también alcanzo a recordar. Incluso, con un par de arrugas más, podría ser...
Cierro con brusquedad el medallón. Hay algo que no alcanzo a entender. Algo me impide comprenderlo todo. Pero...
Destello
¡Un momento! ¡Pero si he cerrado el medallón!
¿De dónde viene ese destello?
Destello
Para añadir un enigma más, noto humedad en la mano con la que sostengo el medallón, fuertemente cerrada junto a mi pecho.
Otro por qué más...
¿Por qué estoy llorando?
martes, 21 de abril de 2009
miércoles, 1 de abril de 2009
Gris, pero, ¡ojo!, abrasador
Han pasado soles ya
Y nos volvemos a encontrar
Tus mejillas me reciben frías
Tus labios están cortados
Mis ojos esperan que te rías
Mi voz suena irónica tras cada comentario
El triste viaje al pasado
Se ha quedado sin entrada
Las caricias de tus manos
Ahora son recuerdos en tu mirada.
Y, de nuevo, una despedida
que se me antoja más amarga que la anterior
Me besas por doble partida
Una vez por cada error
Así, mientras calculo la media de tus besos
Trato de recordar tu corazón.
Veo derretir en mí
El sentimiento de antaño
ante tu fría pupila gris
ante esos ojitos ralos.
Haciendo caso omiso a la razón
La extraña fascinación se abre paso.
Y, de nuevo, una despedida
que se me antoja más amarga que la anterior
Me besas por doble partida
Una vez por cada error
Así, mientras calculo la media de tus besos
Trato de recordar tu corazón.
Y, de nuevo, el sol se pone
lanzando destellos de lo que pudo haber sido
Me besas por partida doble
Tratándome como otro amigo.
Así, vagamente calculo la media de tus besos
Trato de reunirme contigo.
Y nos volvemos a encontrar
Tus mejillas me reciben frías
Tus labios están cortados
Mis ojos esperan que te rías
Mi voz suena irónica tras cada comentario
El triste viaje al pasado
Se ha quedado sin entrada
Las caricias de tus manos
Ahora son recuerdos en tu mirada.
Y, de nuevo, una despedida
que se me antoja más amarga que la anterior
Me besas por doble partida
Una vez por cada error
Así, mientras calculo la media de tus besos
Trato de recordar tu corazón.
Veo derretir en mí
El sentimiento de antaño
ante tu fría pupila gris
ante esos ojitos ralos.
Haciendo caso omiso a la razón
La extraña fascinación se abre paso.
Y, de nuevo, una despedida
que se me antoja más amarga que la anterior
Me besas por doble partida
Una vez por cada error
Así, mientras calculo la media de tus besos
Trato de recordar tu corazón.
Y, de nuevo, el sol se pone
lanzando destellos de lo que pudo haber sido
Me besas por partida doble
Tratándome como otro amigo.
Así, vagamente calculo la media de tus besos
Trato de reunirme contigo.
miércoles, 21 de enero de 2009
Hassack y Hasser 5// Azufre II
Segunda parte de este relato sobre el chico mago de Bo-dam. Por supuesto, es imprescindible leer la primera parte para comprender el relato entero.
Un saludo.
Azufre II
Otro día más en Bo-dam... ¿O no?. La luz, filtrada finamente a través de las vidrieras de la posada, consiguió despertarme enseguida. Me revolví varias una veces antes de levantarme de mi lecho, y me vestí presto para otro día más en el pueblo escondido en la montaña.
Una serie de recuerdos inundaron mi mente cuando estaba realizando la rutina diaria... Un rayo de alegría inundó mi cara, formando una pronunciada sonrisa de suficiencia. Bajé a toda velocidad al piso bajo de la posada, y me encontré con todos ellos. Mi familia. No había sido borrada de mi vida como si de un sueño se tratase.
Al menos, no todavía.
Me senté en la mesa con ellos y pedí el desayuno. Pronto, y de nuevo, volvimos a enfrascarnos mi familia y yo en otra conversación sin sentido, en la que, llegado un punto, les explicaba lo que la palabra “Bo-dam” significaba verdaderamente.
-Bueno, desde el principio de los tiempos, la gente de aquí se sabía el truquito ese que os he comentado del azufre. Así, le pusieron a lo que por aquél entonces eran tres ó cuatro casitas el nombre de “azufre”, en lengua antigua, “Bo-dam”. El olor a azufre ha sido siempre el que ha salvado miles de vidas de los lugareños. Esto era siempre objeto de curiosidad por parte de...
Estaba en plena conversación, y desayunando con rapidez cuando mi profesor entró por la posada con un gesto un poco preocupado.
Acudí presto para saber qué quería.
-¡Buenos días...! - al ver mi mueca enfurruñada y molesta, fue directamente al grano - Verás... Tengo una pequeña tarea para ti hoy. Sé – mi queja era inminente cuando me comentó el motivo de aquella tarea – que hoy ibas a dedicar el día a estar con tu familia, y créeme cuando digo que quiero que así sea, pero ha habido un problema. Se ha encontrado un objeto muy extraño en lo alto de Bo-dam. Parece que emite energía mágica. Sé lo que piensas – de nuevo, se anticipó a mi nueva queja –, de hecho el Consejo ha sopesado esa posibilidad, pero, piénsalo. ¿Cómo va a ser una trampa? No estamos en guerra con nadie. Y nuestro pueblo no está amenazado por nada, ni tenemos noticia de que haya por las cercanías alguien que quiera hacer daño simplemente por gusto capaz de inventar una trampa.
»Así que te acercarás a por el objeto. Lo notarás nada más asciendas a la parte superior del precipicio, así que lo único que necesitas es seguir el rastro mágico. Sería una buena idea el practicar tu hechizo de levitación y...
A partir de ahí, mi mente voló para trazar un plan que me permitiera acabar la tarea lo antes posible para volver con mi familia. En menos de lo que me imaginé, me hallaba levitando hacia donde ya podía notar el origen de la piedra mágica. Tuve que caminar sólo un poco sobre la roca, que acababa metros más allá perdida en un bosque, hasta que...
Allí estaba. Sin duda, era aquella.
Me quedé maravillado por todos los tonos verdosos que irradiaba aquel mísero diamante en bruto. Cada una de sus perfectas aristas reflejaba la luz solar y, habiendo adquirido un nuevo tono esperanza de diferentes matices verdes, se proyectaba en miles de nuevas direcciones nuevas, multiplicando la belleza del paisaje. A pesar del festival de colores, la transparencia de la piedra era indiscutible. El mineral era de por sí precioso, e indudablemente de ensueño, pero lo que más me llamaba la atención era su pureza. La energía que manaba de él era pura, justo la energía que a mí más me hechizaba.
Todo lo que siempre quise al alcance de la mano...
Sin embargo, no era tonto. Primero hice un pequeño reconocimiento del lugar, y traté de encontrar la presencia de otra fuente de poder... Y no la encontré.
No era tonto. Al menos... no del todo.
Cuando mis dedos fueron a apoyarse en la superficie, sucedió mi perdición. Los colores del diamante se tornaron horriblemente rojos, para luego desaparecer.
La quemadura de energía me calcinó las yemas de los dedos, y grité tan fuerte como pude al notar el dolor. Un dolor que sólo era anticipo de lo que estaba por llegar.
Un sonido anormal me alertó. Era una mezcla entre el crujido de los troncos de un árbol al caer por culpa de una fuerza inmensa y el desplazamiento de una enorme mole por la superficie. El resto de sonidos quedaban ahogados ante la potencia atronadora de este ruido.
Mis músculos quedaron contraídos ante una corazonada. Me giré hacia el lugar de donde provenía el ruido. Mis suposiciones trascurrían como una serie de secuencias lógicas. Tenía el volcán justo a la espalda, al otro lado de la gran grieta en cuyas profundidades se hallaba Bo-dam, por lo que no podía ser que...
Por si acaso, olfateé el aire en busca del olor característico que, supuestamente, tenía que encontrar. Podía notar muchos olores, me costó poco tiempo clasificarlos según la teoría aprendida en el Templo, pero...
Ni rastro del característico olor a azufre.
Pronto descubrí, aterrado, que la temperatura del ambiente había crecido de forma notable. Casi comencé a sudar, pero no sabía si era por los nervios, por el calor, o por ambas cosas.
Sentía demasiadas cosas en ese momento. Así que lo único que me quedaba era esperar, y esperar...
Y esperar...
Hasta que llegase la respuesta, hasta que ante mis ojos se reflejó una inmensa masa de lava desplazándose a toda velocidad hacia mí...
Hacia el precipicio...
Hacia Bo-dam...
Hacia mi familia...
Quise correr. Quise darme la vuelta y apresurarme a avisar a mi familia, a mi maestro, a los magos. Quise intentar salvar al pueblo. Me negaba a aceptar que la lava había avanzado demasiado, que el plan de protección del pueblo era imposible de realizar en tan poco tiempo, que no iba a poder hacer nada.
Pero eran mis piernas las que tenían el poder ahora. Y eran las que se negaron a cualquier movimiento.
Cuando la lava estuvo a punto de abalanzarse sobre mí, levanté la mano derecha, aquella cuyos dedos se me habían quemado al tocar el diamante, como gesto instintivo para alcanzar la muerte con mayor rapidez.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
No sé muy bien cómo me salvé. Creo que, en un último intento por seguir con vida, mi subconsciente había invocado un hechizo que me protegió del fuego.
Desperté sobre una superficie con formas suaves, probablemente procedente de la solidificación del magma.
Al principio había tratado de, desesperado, buscar la fisura en la que el pueblo debía de estar; pero me fue inútil. El panorama era obvio: todo había sido engullido por aquel, ahora, pacífico y estúpido material grisáceo.
Luego, creí y deseé con todas mis fuerzas que ese no fuese el sitio que yo me había supuesto. Que me hubiese teleportado o algo así, yo qué sé. Pero el volcán, al oeste de la grieta de Bo-dam, seguía allí, entre las oscuras nubes.
Aquello estaba masacrado, y yo, peor aún.
No quedaba nada. Nada. Nada. Ni un recuerdo, ni un objeto, ni un alma. Nada.
Los momentos siguientes a mi despertar fueron de lo más desconcertantes, puesto que mi mente trató de borrarlos para ahorrarme dolor en el futuro. Sólo sé que lloré, volqué, rodé, pataleé y pegué puñetazos contra el suelo como si de un niño se tratase.
Un niño huérfano.
Al final, o al principio, qué más da cómo lo llamase, un rayo de luz – no de esperanza – borró toda idea de suicidio, al menos por el momento. La piedra, el día anterior, el mendigo cuyo poder había sentido...
En mi cabeza comenzó a cobrar sentido una idea, que había sido armada pieza por pieza.
Recordé la historia del chico que tenía el mayor poder jamás contado. Recordé a ese "alguien que quiera hacer daño simplemente por gusto".
Mi corazón pasó de estar alimentado por el fuego de la angustia a funcionar por las llamas de la venganza. Me levanté lentamente del suelo, y supe qué debía hacer. Supe a quién iba a perseguir, y a quien iba a tratar de asesinar. No sabía cómo, pero sabía que lo encontraría, y que podría ver en sus ojos de color carmesí y esmeralda el reflejo de mi triste mirada.
Sólo me quedaba algo por hacer allí.
Por medio de la magia, improvisé un pequeño tributo a los habitantes de Bo-dam, grabado en la piedra. Me encargué de que aquel tallado se repitiese cada 5 días, para que ni la lava, que había borrado mi vida, lo borrase. La última línea rezaba así:
Ni la lava nos hará olvidar
La triste historia de la ciudad arrasada
La ciudad que un día se llamó Bo-dam
La ciudad que del mundo quedó borrada.
He aquí uno que jura,
He aquí uno que afirma ser el Azufre
Para que algún día se consuma
La vida del que se baña en la podedumbre
De matar disfrazado de pobreza.
Así, juro no sesgar
Sino ensombrecer
No eliminar
Sino entorpecer
La vida de aquel a quien la culpa le pesa.
Por siempre.
Para siempre.
Antes de partir, comprendí que mi anterior nombre ya carecía de sentido. Mi nombre ahora sería Bo-dam. Sería el Azufre, el que anunciase la tragedia del chico de la mirada escarlata. Sería el que protegiese a todo el mundo de la amenaza. “Bo-dam. Bo-dam. Bo-dam...”
Repetí el nombre hasta que el sol finalmente se escondió de la noche, de mi corazón
Un saludo.
Azufre II
Otro día más en Bo-dam... ¿O no?. La luz, filtrada finamente a través de las vidrieras de la posada, consiguió despertarme enseguida. Me revolví varias una veces antes de levantarme de mi lecho, y me vestí presto para otro día más en el pueblo escondido en la montaña.
Una serie de recuerdos inundaron mi mente cuando estaba realizando la rutina diaria... Un rayo de alegría inundó mi cara, formando una pronunciada sonrisa de suficiencia. Bajé a toda velocidad al piso bajo de la posada, y me encontré con todos ellos. Mi familia. No había sido borrada de mi vida como si de un sueño se tratase.
Al menos, no todavía.
Me senté en la mesa con ellos y pedí el desayuno. Pronto, y de nuevo, volvimos a enfrascarnos mi familia y yo en otra conversación sin sentido, en la que, llegado un punto, les explicaba lo que la palabra “Bo-dam” significaba verdaderamente.
-Bueno, desde el principio de los tiempos, la gente de aquí se sabía el truquito ese que os he comentado del azufre. Así, le pusieron a lo que por aquél entonces eran tres ó cuatro casitas el nombre de “azufre”, en lengua antigua, “Bo-dam”. El olor a azufre ha sido siempre el que ha salvado miles de vidas de los lugareños. Esto era siempre objeto de curiosidad por parte de...
Estaba en plena conversación, y desayunando con rapidez cuando mi profesor entró por la posada con un gesto un poco preocupado.
Acudí presto para saber qué quería.
-¡Buenos días...! - al ver mi mueca enfurruñada y molesta, fue directamente al grano - Verás... Tengo una pequeña tarea para ti hoy. Sé – mi queja era inminente cuando me comentó el motivo de aquella tarea – que hoy ibas a dedicar el día a estar con tu familia, y créeme cuando digo que quiero que así sea, pero ha habido un problema. Se ha encontrado un objeto muy extraño en lo alto de Bo-dam. Parece que emite energía mágica. Sé lo que piensas – de nuevo, se anticipó a mi nueva queja –, de hecho el Consejo ha sopesado esa posibilidad, pero, piénsalo. ¿Cómo va a ser una trampa? No estamos en guerra con nadie. Y nuestro pueblo no está amenazado por nada, ni tenemos noticia de que haya por las cercanías alguien que quiera hacer daño simplemente por gusto capaz de inventar una trampa.
»Así que te acercarás a por el objeto. Lo notarás nada más asciendas a la parte superior del precipicio, así que lo único que necesitas es seguir el rastro mágico. Sería una buena idea el practicar tu hechizo de levitación y...
A partir de ahí, mi mente voló para trazar un plan que me permitiera acabar la tarea lo antes posible para volver con mi familia. En menos de lo que me imaginé, me hallaba levitando hacia donde ya podía notar el origen de la piedra mágica. Tuve que caminar sólo un poco sobre la roca, que acababa metros más allá perdida en un bosque, hasta que...
Allí estaba. Sin duda, era aquella.
Me quedé maravillado por todos los tonos verdosos que irradiaba aquel mísero diamante en bruto. Cada una de sus perfectas aristas reflejaba la luz solar y, habiendo adquirido un nuevo tono esperanza de diferentes matices verdes, se proyectaba en miles de nuevas direcciones nuevas, multiplicando la belleza del paisaje. A pesar del festival de colores, la transparencia de la piedra era indiscutible. El mineral era de por sí precioso, e indudablemente de ensueño, pero lo que más me llamaba la atención era su pureza. La energía que manaba de él era pura, justo la energía que a mí más me hechizaba.
Todo lo que siempre quise al alcance de la mano...
Sin embargo, no era tonto. Primero hice un pequeño reconocimiento del lugar, y traté de encontrar la presencia de otra fuente de poder... Y no la encontré.
No era tonto. Al menos... no del todo.
Cuando mis dedos fueron a apoyarse en la superficie, sucedió mi perdición. Los colores del diamante se tornaron horriblemente rojos, para luego desaparecer.
La quemadura de energía me calcinó las yemas de los dedos, y grité tan fuerte como pude al notar el dolor. Un dolor que sólo era anticipo de lo que estaba por llegar.
Un sonido anormal me alertó. Era una mezcla entre el crujido de los troncos de un árbol al caer por culpa de una fuerza inmensa y el desplazamiento de una enorme mole por la superficie. El resto de sonidos quedaban ahogados ante la potencia atronadora de este ruido.
Mis músculos quedaron contraídos ante una corazonada. Me giré hacia el lugar de donde provenía el ruido. Mis suposiciones trascurrían como una serie de secuencias lógicas. Tenía el volcán justo a la espalda, al otro lado de la gran grieta en cuyas profundidades se hallaba Bo-dam, por lo que no podía ser que...
Por si acaso, olfateé el aire en busca del olor característico que, supuestamente, tenía que encontrar. Podía notar muchos olores, me costó poco tiempo clasificarlos según la teoría aprendida en el Templo, pero...
Ni rastro del característico olor a azufre.
Pronto descubrí, aterrado, que la temperatura del ambiente había crecido de forma notable. Casi comencé a sudar, pero no sabía si era por los nervios, por el calor, o por ambas cosas.
Sentía demasiadas cosas en ese momento. Así que lo único que me quedaba era esperar, y esperar...
Y esperar...
Hasta que llegase la respuesta, hasta que ante mis ojos se reflejó una inmensa masa de lava desplazándose a toda velocidad hacia mí...
Hacia el precipicio...
Hacia Bo-dam...
Hacia mi familia...
Quise correr. Quise darme la vuelta y apresurarme a avisar a mi familia, a mi maestro, a los magos. Quise intentar salvar al pueblo. Me negaba a aceptar que la lava había avanzado demasiado, que el plan de protección del pueblo era imposible de realizar en tan poco tiempo, que no iba a poder hacer nada.
Pero eran mis piernas las que tenían el poder ahora. Y eran las que se negaron a cualquier movimiento.
Cuando la lava estuvo a punto de abalanzarse sobre mí, levanté la mano derecha, aquella cuyos dedos se me habían quemado al tocar el diamante, como gesto instintivo para alcanzar la muerte con mayor rapidez.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
No sé muy bien cómo me salvé. Creo que, en un último intento por seguir con vida, mi subconsciente había invocado un hechizo que me protegió del fuego.
Desperté sobre una superficie con formas suaves, probablemente procedente de la solidificación del magma.
Al principio había tratado de, desesperado, buscar la fisura en la que el pueblo debía de estar; pero me fue inútil. El panorama era obvio: todo había sido engullido por aquel, ahora, pacífico y estúpido material grisáceo.
Luego, creí y deseé con todas mis fuerzas que ese no fuese el sitio que yo me había supuesto. Que me hubiese teleportado o algo así, yo qué sé. Pero el volcán, al oeste de la grieta de Bo-dam, seguía allí, entre las oscuras nubes.
Aquello estaba masacrado, y yo, peor aún.
No quedaba nada. Nada. Nada. Ni un recuerdo, ni un objeto, ni un alma. Nada.
Los momentos siguientes a mi despertar fueron de lo más desconcertantes, puesto que mi mente trató de borrarlos para ahorrarme dolor en el futuro. Sólo sé que lloré, volqué, rodé, pataleé y pegué puñetazos contra el suelo como si de un niño se tratase.
Un niño huérfano.
Al final, o al principio, qué más da cómo lo llamase, un rayo de luz – no de esperanza – borró toda idea de suicidio, al menos por el momento. La piedra, el día anterior, el mendigo cuyo poder había sentido...
En mi cabeza comenzó a cobrar sentido una idea, que había sido armada pieza por pieza.
Recordé la historia del chico que tenía el mayor poder jamás contado. Recordé a ese "alguien que quiera hacer daño simplemente por gusto".
Mi corazón pasó de estar alimentado por el fuego de la angustia a funcionar por las llamas de la venganza. Me levanté lentamente del suelo, y supe qué debía hacer. Supe a quién iba a perseguir, y a quien iba a tratar de asesinar. No sabía cómo, pero sabía que lo encontraría, y que podría ver en sus ojos de color carmesí y esmeralda el reflejo de mi triste mirada.
Sólo me quedaba algo por hacer allí.
Por medio de la magia, improvisé un pequeño tributo a los habitantes de Bo-dam, grabado en la piedra. Me encargué de que aquel tallado se repitiese cada 5 días, para que ni la lava, que había borrado mi vida, lo borrase. La última línea rezaba así:
Ni la lava nos hará olvidar
La triste historia de la ciudad arrasada
La ciudad que un día se llamó Bo-dam
La ciudad que del mundo quedó borrada.
He aquí uno que jura,
He aquí uno que afirma ser el Azufre
Para que algún día se consuma
La vida del que se baña en la podedumbre
De matar disfrazado de pobreza.
Así, juro no sesgar
Sino ensombrecer
No eliminar
Sino entorpecer
La vida de aquel a quien la culpa le pesa.
Por siempre.
Para siempre.
Antes de partir, comprendí que mi anterior nombre ya carecía de sentido. Mi nombre ahora sería Bo-dam. Sería el Azufre, el que anunciase la tragedia del chico de la mirada escarlata. Sería el que protegiese a todo el mundo de la amenaza. “Bo-dam. Bo-dam. Bo-dam...”
Repetí el nombre hasta que el sol finalmente se escondió de la noche, de mi corazón
jueves, 15 de enero de 2009
Hassack y Hasser 4 // Azufre I
Tras más de medio año sin escribir nada sobre Hassack y Hasser, al final me he decidido. Sin embargo, esta vez quiero añadir un nuevo personaje a el mini-relato de los hermanos, que, si habéis leído los tres relatos anteriores, sabréis cuál será la relación que los une enseguida. Eso sí, habrá una breve diferencia: Lo escribiré en primera persona, por probar algo nuevo.
Nada más. Un abrazo.
Azufre I
Otro día más en Bo-dam. La luz, filtrada finamente a través de las vidrieras de la posada, consiguió despertarme enseguida. Me revolví sólo una vez antes de levantarme de mi lecho, y me vestí presto para otro día más en el pueblo escondido en la montaña.
La montaña donde se hallaba situado Bo-dam era de una altura escasa. Sin embargo, la gente del pueblo se las había apañado pocas décadas atrás para construir sus casas de madera dentro de una profunda grieta que acababa en la nada, en un barranco, y se fundía con la oscuridad cada noche.
Así, al salir de la casita construida de inusual madera, comencé a pasear por los puentes colgantes que comunicaban las dos paredes rocosas, paralelas. De vez en cuando, aprovechando un poco los huecos que el viento había acabado haciendo por accidente en la fría piedra, aparecía erigida una casita de madera. Había cientos de casitas a ambos lados del precipicio.
Conforme acabé de cruzar el último de los puentes antes de llegar a mi destino, reparé en que La Entrada estaba más concurrida que otras veces. La Gran Casa de Madera - como otros la llamaban - era la entrada a la parte interna de la ciudad, que había aprovechado una cueva mucho mayor que la de las casas de madera para edificar un gran templo. Decían que era idéntico - de hecho, así se llamaba -, en sus formas de piedra imitando la madera, a otro templo, demasiado lejos como para permitirme conocer si eso era cierto. De todas formas...
Como no iba a saberlo nunca, luchaba por evitar la curiosidad. Formaba parte de mi entrenamiento como mago.
Intenté olvidar de inmediato las razones por las que había acabado abandonando mi familia, mudándome a Bo-dam con el único propósito de conocer el Templo Idéntico, para luego más tarde ser aceptado por el maestro Yauf.
No me sorprendió ver aquel típico tono gris indiferente en su mirada cuando, por enésima vez, había llegado tarde.
- Buenos días – pude articular.
- A practicar el hechizo de fuego.
El maestro me fue claro y conciso. De inmediato le hice caso, y, tratando de olvidar cada una de mis reflexiones, levanté la mano derecha y el hechizo comenzó a brotar por mi boca en forma de verbo, por mis manos en forma de energía, y por el aire en frente de mí en forma de fuego, tomando forma de esfera.
Yauf jamás lo habría reconocido – según él, para defender mi “joven e impoluta” mente de los pensamientos orgullosos –, pero había mejorado en aquel hechizo, y mucho. Yo no era un virtuoso de la magia, como aquellos hechiceros sobre los que yo mismo me había obligado a investigar en los libros, pero la verdad es que el trabajo y el afán de superación no era algo que me faltase.
Medio lustro casi hacía que me había ido a vivir a Bo-dam. Y todo me iba tan bien...
Cuando acabé de repetir una y otra vez el repetitivo hechizo y me disponía a irme del templo, reparé en un brillo en los ojos de mi maestro, uno que antes no había visto...
Aquello indicaba...
¿Ilusión?
Como respondiendo a este interrogante, una voz totalmente conocida para mí dijo una palabra que me hizo derrumbarme:
-¡Hijo!
En ese momento, mi corazón dio tal vuelco que pensé que iba a caer desplomado en cualquier momento. Me giré lentamente y miré aquellos ojos verdes, aquella sonrisa amable – que se había tornado amarga –, aquella nariz simple y aquellas manos, como siempre, extendidas hacía mí. De no ser por sus manos, aquellas manos sencillas, impotentes, no habría sacado las fuerzas de ningún lado para salir a su encuentro.
Hubiera querido haber dicho alguna palabra de reconocimiento, de cariño; de hecho, no sé si verdaderamente llegué a proferir algo a parte de aquel farfullo estúpido, pero mi gesto habló por si solo. Me fundí con mi madre en un ansiado abrazo.
Cuando el tiempo volvió a su curso, pude ver que detrás de mi madre también estaba mi padre, mi hermana, y mi abuelo. Un sabor salado comenzó a descender por mi mejilla y me llegó a la boca.
Tras saludarlos a todos, casi comenzamos a enfrascarnos en una conversación, en la que yo no paraba de hacer preguntas (“¿Cómo está Tidán? ¿Y Gluck? ¿Qué ha sido del viejo Fodi?”), y las respuestas eran siempre alegres, rápidas, entusiastas.
Al final, decidimos salir del templo para dirigirnos a la posada más cercana.
Durante el trayecto, fui contándoles aquello más relevante sobre la ciudad. Incluso, les dije la precaución fundamental de la ciudad, llegado el punto:
-... pero las formaciones de roca se deben principalmente al volcán que hay a varios pies de aquí. No os voy a mentir, no es un volcán inactivo, suele erupcionar con cierta frecuencia. Pero, ¡tranquilos! Este pueblo ha sobrevivido tanto por sus medidas de seguridad. Afortunadamente, minutos antes de que entre en erupción, siempre emite un fuerte olor a azufre, el cual es fácilmente detectable. Esto pone en funcionamiento un sofisticado plan que envuelve a magos, que crean un escudo para el pueblo, impidiendo cualquier daño que de otro modo...
Quedé callado enseguida al notar un mendigo con la espalda plantada en la pared del edificio. Pero no me llamó la atención la inusual presencia de un vagabundo en el próspero templo, sino su mirada.
De todas formas, como si fuese un acto involuntario que habría cometido con cualquier persona, le eché una moneda a los pies del chico, que andaba envuelto en innumerables capas de ropa. Le eché lo suficiente para comer y dormir ese día.
El comentario de mi hermana me increpó un poco. Con sólo una década y media de vida, y ya diciendo esas cosas:
-¡Para eso me hubieses dado el dinero a mí!
La mirada del mendigo se posó un instante sobre mi hermana. Juraría que, al mirarla a ella, sus ojos eran rojos como el fuego, y luego, al mirarme a mí, al que le había prolongado la vida un solo día, se tornaron de color verde. Sin embargo, después bajó la mirada y quedó oculto bajo su improvisada visera de piel.
Jamás olvidaría esa mirada, y lo que estaba a punto de sucederme.
Nada más. Un abrazo.
Azufre I
Otro día más en Bo-dam. La luz, filtrada finamente a través de las vidrieras de la posada, consiguió despertarme enseguida. Me revolví sólo una vez antes de levantarme de mi lecho, y me vestí presto para otro día más en el pueblo escondido en la montaña.
La montaña donde se hallaba situado Bo-dam era de una altura escasa. Sin embargo, la gente del pueblo se las había apañado pocas décadas atrás para construir sus casas de madera dentro de una profunda grieta que acababa en la nada, en un barranco, y se fundía con la oscuridad cada noche.
Así, al salir de la casita construida de inusual madera, comencé a pasear por los puentes colgantes que comunicaban las dos paredes rocosas, paralelas. De vez en cuando, aprovechando un poco los huecos que el viento había acabado haciendo por accidente en la fría piedra, aparecía erigida una casita de madera. Había cientos de casitas a ambos lados del precipicio.
Conforme acabé de cruzar el último de los puentes antes de llegar a mi destino, reparé en que La Entrada estaba más concurrida que otras veces. La Gran Casa de Madera - como otros la llamaban - era la entrada a la parte interna de la ciudad, que había aprovechado una cueva mucho mayor que la de las casas de madera para edificar un gran templo. Decían que era idéntico - de hecho, así se llamaba -, en sus formas de piedra imitando la madera, a otro templo, demasiado lejos como para permitirme conocer si eso era cierto. De todas formas...
Como no iba a saberlo nunca, luchaba por evitar la curiosidad. Formaba parte de mi entrenamiento como mago.
Intenté olvidar de inmediato las razones por las que había acabado abandonando mi familia, mudándome a Bo-dam con el único propósito de conocer el Templo Idéntico, para luego más tarde ser aceptado por el maestro Yauf.
No me sorprendió ver aquel típico tono gris indiferente en su mirada cuando, por enésima vez, había llegado tarde.
- Buenos días – pude articular.
- A practicar el hechizo de fuego.
El maestro me fue claro y conciso. De inmediato le hice caso, y, tratando de olvidar cada una de mis reflexiones, levanté la mano derecha y el hechizo comenzó a brotar por mi boca en forma de verbo, por mis manos en forma de energía, y por el aire en frente de mí en forma de fuego, tomando forma de esfera.
Yauf jamás lo habría reconocido – según él, para defender mi “joven e impoluta” mente de los pensamientos orgullosos –, pero había mejorado en aquel hechizo, y mucho. Yo no era un virtuoso de la magia, como aquellos hechiceros sobre los que yo mismo me había obligado a investigar en los libros, pero la verdad es que el trabajo y el afán de superación no era algo que me faltase.
Medio lustro casi hacía que me había ido a vivir a Bo-dam. Y todo me iba tan bien...
Cuando acabé de repetir una y otra vez el repetitivo hechizo y me disponía a irme del templo, reparé en un brillo en los ojos de mi maestro, uno que antes no había visto...
Aquello indicaba...
¿Ilusión?
Como respondiendo a este interrogante, una voz totalmente conocida para mí dijo una palabra que me hizo derrumbarme:
-¡Hijo!
En ese momento, mi corazón dio tal vuelco que pensé que iba a caer desplomado en cualquier momento. Me giré lentamente y miré aquellos ojos verdes, aquella sonrisa amable – que se había tornado amarga –, aquella nariz simple y aquellas manos, como siempre, extendidas hacía mí. De no ser por sus manos, aquellas manos sencillas, impotentes, no habría sacado las fuerzas de ningún lado para salir a su encuentro.
Hubiera querido haber dicho alguna palabra de reconocimiento, de cariño; de hecho, no sé si verdaderamente llegué a proferir algo a parte de aquel farfullo estúpido, pero mi gesto habló por si solo. Me fundí con mi madre en un ansiado abrazo.
Cuando el tiempo volvió a su curso, pude ver que detrás de mi madre también estaba mi padre, mi hermana, y mi abuelo. Un sabor salado comenzó a descender por mi mejilla y me llegó a la boca.
Tras saludarlos a todos, casi comenzamos a enfrascarnos en una conversación, en la que yo no paraba de hacer preguntas (“¿Cómo está Tidán? ¿Y Gluck? ¿Qué ha sido del viejo Fodi?”), y las respuestas eran siempre alegres, rápidas, entusiastas.
Al final, decidimos salir del templo para dirigirnos a la posada más cercana.
Durante el trayecto, fui contándoles aquello más relevante sobre la ciudad. Incluso, les dije la precaución fundamental de la ciudad, llegado el punto:
-... pero las formaciones de roca se deben principalmente al volcán que hay a varios pies de aquí. No os voy a mentir, no es un volcán inactivo, suele erupcionar con cierta frecuencia. Pero, ¡tranquilos! Este pueblo ha sobrevivido tanto por sus medidas de seguridad. Afortunadamente, minutos antes de que entre en erupción, siempre emite un fuerte olor a azufre, el cual es fácilmente detectable. Esto pone en funcionamiento un sofisticado plan que envuelve a magos, que crean un escudo para el pueblo, impidiendo cualquier daño que de otro modo...
Quedé callado enseguida al notar un mendigo con la espalda plantada en la pared del edificio. Pero no me llamó la atención la inusual presencia de un vagabundo en el próspero templo, sino su mirada.
De todas formas, como si fuese un acto involuntario que habría cometido con cualquier persona, le eché una moneda a los pies del chico, que andaba envuelto en innumerables capas de ropa. Le eché lo suficiente para comer y dormir ese día.
El comentario de mi hermana me increpó un poco. Con sólo una década y media de vida, y ya diciendo esas cosas:
-¡Para eso me hubieses dado el dinero a mí!
La mirada del mendigo se posó un instante sobre mi hermana. Juraría que, al mirarla a ella, sus ojos eran rojos como el fuego, y luego, al mirarme a mí, al que le había prolongado la vida un solo día, se tornaron de color verde. Sin embargo, después bajó la mirada y quedó oculto bajo su improvisada visera de piel.
Jamás olvidaría esa mirada, y lo que estaba a punto de sucederme.
domingo, 11 de enero de 2009
Trumpets, play sick lullabies!!
¡Bueno, bueno, bueno!
Feliz año a todos =)
Falto como estoy de recursos [No tanto =P] Voy a actualizar el blog con una entrada de mi Fotolog [http://www.fotolog.com/alvaroo_v] Espero que me perdonéis =) xPP Y que comentéis. :P
No, no, no y no
Ya he dejado de ser niño. Me es inevitable que algún día me canse de regocijarme en la estúpida infancia. Quiero dar, quiero regalar, y, sobre todo, quiero sentir a los demás. Quiero conocer el mundo, quiero saber de qué trata. Quiero dejar de pedir, de recibir, quiero dejar de descansar, de escuchar.
¡Quiero hablar, y gritar!
Quiero saltar, y llegar a volar. Quiero pensar, y quiero inventar. Quiero aprender y, sobre todo, quiero llegar a entender qué es la vida en realidad.
Quiero dejar las tonterías, quiero conocer a la gente, quiero amueblar mi propia mente, quiero tener autonomía.
Pero quiero tener una dependencia a los sentimientos de los demás, sus experiencias, sus gestos.
Quiero... quiero... quiero...
Ya no sirve esa palabra.
Porque voy a saltar, y llegaré a volar. Voy pensar, y voy inventar. Voy aprender y, sobre todo, voy llegar a entender qué es la vida en realidad.
Feliz año a todos =)
Falto como estoy de recursos [No tanto =P] Voy a actualizar el blog con una entrada de mi Fotolog [http://www.fotolog.com/alvaroo_v] Espero que me perdonéis =) xPP Y que comentéis. :P
Ya he dejado de ser niño. Me es inevitable que algún día me canse de regocijarme en la estúpida infancia. Quiero dar, quiero regalar, y, sobre todo, quiero sentir a los demás. Quiero conocer el mundo, quiero saber de qué trata. Quiero dejar de pedir, de recibir, quiero dejar de descansar, de escuchar.
¡Quiero hablar, y gritar!
Quiero saltar, y llegar a volar. Quiero pensar, y quiero inventar. Quiero aprender y, sobre todo, quiero llegar a entender qué es la vida en realidad.
Quiero dejar las tonterías, quiero conocer a la gente, quiero amueblar mi propia mente, quiero tener autonomía.
Pero quiero tener una dependencia a los sentimientos de los demás, sus experiencias, sus gestos.
Quiero... quiero... quiero...
Ya no sirve esa palabra.
Porque voy a saltar, y llegaré a volar. Voy pensar, y voy inventar. Voy aprender y, sobre todo, voy llegar a entender qué es la vida en realidad.
jueves, 25 de diciembre de 2008
¡Una entradita en inglés!
Bueno bueno, hoy es día de Navidad, y a mí no se me ocurre otra cosa que escribir algo nuevo en el blog... Buah, supongo que soy así. En fin, de todos modos, ¡manos a la obra! Lo de siempre, si leéis esta pequeña "reflexión", un comentario siempre se agradece. Aunque, eso sí, hoy puedo decir algo más, algo que sólo se puede decir unos pocos días al año... ¡Feliz Navidad!
Por cierto... voy a probar a escribir algo en inglés... sé que no se me dará demasiado bien, pero allá vamos.
Beautiful is the worst word
Can our love be described as that?
Is it a thing that can be called "worth"?
Oh, honey, I'm afraid that our relationship is stuck.
You always call my attention
You say I don't think of you
But, what the hell, do you have any intention
of knowing the truth?
Do you even look at my heart?
Do you even try to talk?
You cheated me, of that I'm sure
But this sort of cheat
Is one with no cure
You left me, choosing it
Do you even believe yourself?
Do you even think you treat me the best?
Darling, you're confusing terms
'Cause, of course, I'm not of your love full.
But, sorry, I'm not 'fool'
You made my heart empty of those feelings
Once I knew I had.
Do you even feel anything but shit?
Do you even love me?
Por cierto... voy a probar a escribir algo en inglés... sé que no se me dará demasiado bien, pero allá vamos.
Beautiful is the worst word
Can our love be described as that?
Is it a thing that can be called "worth"?
Oh, honey, I'm afraid that our relationship is stuck.
You always call my attention
You say I don't think of you
But, what the hell, do you have any intention
of knowing the truth?
Do you even look at my heart?
Do you even try to talk?
You cheated me, of that I'm sure
But this sort of cheat
Is one with no cure
You left me, choosing it
Do you even believe yourself?
Do you even think you treat me the best?
Darling, you're confusing terms
'Cause, of course, I'm not of your love full.
But, sorry, I'm not 'fool'
You made my heart empty of those feelings
Once I knew I had.
Do you even feel anything but shit?
Do you even love me?
viernes, 19 de diciembre de 2008
Primera actuación en público
Es jueves, 18 de diciembre.
Estoy totalmente temblando. Imposible no estarlo, a pesar de que lo que nos disponemos a hacer puede ser, para otros, no tan aparatoso.
Sabemos quiénes van a estar ahí, así que no estamos del todo tan asustados. Sin embargo, la valentía no le cierra la puerta a los nervios, que están a flor de piel, como si de otra parte de nosotros se tratase, sólo que esta es más difícil de controlar, y puede hacernos hacer una actuación "De miedo" o una actuación "De pena".
¿Qué es lo único que se nos ocurre? Apelarle a él. Incluso, nos inventamos una "Nueva forma de santiguarse". No es que nos sintamos más seguros así, lo hacemos porque es lo que queremos hacer.
La presentadora, en términos no demasiado estrictos de la palabra, o nuestra compañera de 2º de Bachillerato que va a presentarnos al público para finalizar el impresionante festival, nos pregunta qué es lo que queremos que diga sobre nosotros. Nosotros nos miramos los unos a los otros sin saber qué decir, sólo queremos salir al escenario y probar un poquito de eso a lo que llaman "Música". Ella me enseña la frasecilla que tiene apuntada en su papel. Tras leerla, le aseguro que es estupenda.
Poco más recuerdo de ese momento: Las caras de concentración de mis amigos, las palabra de ánimo de los profesores que se encargaban de vigilar la entrada al salón de actos por la que íbamos a entrar, incluso me acuerdo de los gestos de patético nerviosismo que les hacía a parte del público - a mis amigos - cuando me asomaba por la puerta que daba a los asientos.
Así, sólo queda una cosa que podía pasar: La actuación previa a la nuestra ha acabado, así que es nuestro turno. Me perdería al relatar todos los sentimientos que llegan a mi corazón, que pasan por toda mi mente: Comprendo que lo que me dispongo a hacer me importa mucho, porque va más allá de tocar dos o tres tambores rodeados de unos cuantos platillos.
La frase de la presentadora, la que yo había leído antes y a la que había asentido maravillado, suena en el Salón de Actos:
"Una vez, un sabio dijo que la calidad de una persona se mide por la cantidad de amigos que tiene. A este grupo que viene a continuación se le puede aplicar muy bien esta frase, porque no sólo tocan juntos, son amigos"
La otra presentadora acaba de dar los detalles:
"Se llaman Soda Rise..."
Su voz casi queda ahogada entre los gritos del público. Casi sé distinguir, entre el griterío, unas cuantas voces conocidas, e, incluso, el rápido golpeteo de mi corazón, que ha acelerado aún más, si cabe, su ritmo ante tanta muestra de afecto.
La presentadora continúa su "andadura", y, rindiéndose, dice el nombre de los componentes de nuestro grupo:
"Álvaro, Carlos, Fermín, Daniel y María Dolores"
Los gritos aumentan, y no se me ocurre en este momento decir otra cosa que:
"¡Entrad vosotros primero, que yo estoy más a la derecha!"
Rápido rápido, comienzan a entrar, yo entro el tercero o así, yo qué sé. Sólo sé que tengo que colocarme rápido. Pongo el pie derecho sobre el pedal del bombo, y noto como la maza que debe golpear el bombo se mueve constantemente, fiel reflejo de la tiritera de "terror" de mis pies, y de todo mi cuerpo.
Ánimo, me repito a mí mismo una y otra vez. Me imagino qué estarán pensando mis otros cuatro amigos, y averiguo sin demasiado esfuerzo que se estarán repitiendo las mismas palabras que yo a mí mismo.
Así, no me queda otra cosa que dar la entrada a la canción. Un, dos; un, dos, tres y... ¡Plas!. Sigo el ritmo de la introducción con cuidado, pero bien.
El griterío cesa justo cuando la corta introducción acaba, Y me toca dar la entrada nuevamente. Un dos tres y...
El griterío es impresionante. El "plan" funciona pues, y el salón de actos se inunda de una sola palabra, repetida una y otra vez, a coro:
¡Otra!
Miramos al hermano, y mi hermano dice advertir un gesto de "Adelante" por su parte, así que comienzo, esta vez yo solo, la introducción a la canción que nos toca, y...
De nuevo, un griterío. Sólo nos queda saludar, nos colocamos uno al lado de otro, y tranquilamente, de forma afectuosa, nos pasamos el brazo por los hombros de los de al lado nuestra.
Ahora sí, soy capaz de ver muchas caras, muchísimas. Una grandiosa parte de la gente que me importa está allí. Así, este es un gran momento. Abrazado a gente que me importa, que me quiere, frente a mucha gente que, igualmente, me importa, me quiere.
Uno de los momentos que jamás olvidaré
Estoy totalmente temblando. Imposible no estarlo, a pesar de que lo que nos disponemos a hacer puede ser, para otros, no tan aparatoso.
Sabemos quiénes van a estar ahí, así que no estamos del todo tan asustados. Sin embargo, la valentía no le cierra la puerta a los nervios, que están a flor de piel, como si de otra parte de nosotros se tratase, sólo que esta es más difícil de controlar, y puede hacernos hacer una actuación "De miedo" o una actuación "De pena".
¿Qué es lo único que se nos ocurre? Apelarle a él. Incluso, nos inventamos una "Nueva forma de santiguarse". No es que nos sintamos más seguros así, lo hacemos porque es lo que queremos hacer.
La presentadora, en términos no demasiado estrictos de la palabra, o nuestra compañera de 2º de Bachillerato que va a presentarnos al público para finalizar el impresionante festival, nos pregunta qué es lo que queremos que diga sobre nosotros. Nosotros nos miramos los unos a los otros sin saber qué decir, sólo queremos salir al escenario y probar un poquito de eso a lo que llaman "Música". Ella me enseña la frasecilla que tiene apuntada en su papel. Tras leerla, le aseguro que es estupenda.
Poco más recuerdo de ese momento: Las caras de concentración de mis amigos, las palabra de ánimo de los profesores que se encargaban de vigilar la entrada al salón de actos por la que íbamos a entrar, incluso me acuerdo de los gestos de patético nerviosismo que les hacía a parte del público - a mis amigos - cuando me asomaba por la puerta que daba a los asientos.
Así, sólo queda una cosa que podía pasar: La actuación previa a la nuestra ha acabado, así que es nuestro turno. Me perdería al relatar todos los sentimientos que llegan a mi corazón, que pasan por toda mi mente: Comprendo que lo que me dispongo a hacer me importa mucho, porque va más allá de tocar dos o tres tambores rodeados de unos cuantos platillos.
La frase de la presentadora, la que yo había leído antes y a la que había asentido maravillado, suena en el Salón de Actos:
"Una vez, un sabio dijo que la calidad de una persona se mide por la cantidad de amigos que tiene. A este grupo que viene a continuación se le puede aplicar muy bien esta frase, porque no sólo tocan juntos, son amigos"
La otra presentadora acaba de dar los detalles:
"Se llaman Soda Rise..."
Su voz casi queda ahogada entre los gritos del público. Casi sé distinguir, entre el griterío, unas cuantas voces conocidas, e, incluso, el rápido golpeteo de mi corazón, que ha acelerado aún más, si cabe, su ritmo ante tanta muestra de afecto.
La presentadora continúa su "andadura", y, rindiéndose, dice el nombre de los componentes de nuestro grupo:
"Álvaro, Carlos, Fermín, Daniel y María Dolores"
Los gritos aumentan, y no se me ocurre en este momento decir otra cosa que:
"¡Entrad vosotros primero, que yo estoy más a la derecha!"
Rápido rápido, comienzan a entrar, yo entro el tercero o así, yo qué sé. Sólo sé que tengo que colocarme rápido. Pongo el pie derecho sobre el pedal del bombo, y noto como la maza que debe golpear el bombo se mueve constantemente, fiel reflejo de la tiritera de "terror" de mis pies, y de todo mi cuerpo.
Ánimo, me repito a mí mismo una y otra vez. Me imagino qué estarán pensando mis otros cuatro amigos, y averiguo sin demasiado esfuerzo que se estarán repitiendo las mismas palabras que yo a mí mismo.
Así, no me queda otra cosa que dar la entrada a la canción. Un, dos; un, dos, tres y... ¡Plas!. Sigo el ritmo de la introducción con cuidado, pero bien.
El griterío cesa justo cuando la corta introducción acaba, Y me toca dar la entrada nuevamente. Un dos tres y...
El griterío es impresionante. El "plan" funciona pues, y el salón de actos se inunda de una sola palabra, repetida una y otra vez, a coro:
¡Otra!
Miramos al hermano, y mi hermano dice advertir un gesto de "Adelante" por su parte, así que comienzo, esta vez yo solo, la introducción a la canción que nos toca, y...
De nuevo, un griterío. Sólo nos queda saludar, nos colocamos uno al lado de otro, y tranquilamente, de forma afectuosa, nos pasamos el brazo por los hombros de los de al lado nuestra.
Ahora sí, soy capaz de ver muchas caras, muchísimas. Una grandiosa parte de la gente que me importa está allí. Así, este es un gran momento. Abrazado a gente que me importa, que me quiere, frente a mucha gente que, igualmente, me importa, me quiere.
Uno de los momentos que jamás olvidaré
Suscribirse a:
Entradas (Atom)