lunes, 20 de febrero de 2012

Melgarejo


¿Sabes lo que veo cuando me fijo en esos gigantescos recipientes cilíndricos de las cooperativas de aceite? Te va a sonar a chorrada, a tontería, pero me fijo sobre todo en las escaleras que hay. Todas esas pasarelas que comunican cada uno de los recipientes, e incluso en la parte superior de los cilindros. Cualquiera puede escalarlos, llegar a la cima, y pasearse por las pasarelas pasando con paso decidido. Se repite, sí, es a posta.

La reflexión es igualmente estúpida, te lo aseguro; o al menos yo lo veo así. Pero no puedo menos que compartirla contigo. A ver, mira los cilindros. Esos recipientes están ahí para algo. Llenísimos de aceite que andan, ¿entiendes? Se pensaron para eso, y así están. Lo de las pasarelas es algo accesorio, sirve, qué sé yo, para que los encargados de mantenimiento se suban a limpiar, o para que metan unos tubitos por algún agujerito y comprueben la calidad del aceite. Eso da igual, porque ahora por lo que molan los cilindros es por las pasarelas y las escaleras y la cima y el horizonte que se te abren cuando oteas en derredor. Los olivos, debajo, el cielo, arriba.

Entiéndase.

¿En qué lugar del mundo es donde más se produce aceite?

martes, 31 de enero de 2012

Ende.

Las cosas nunca habían pintado mejor para Sebastián.

Se la encontró caminando por alguna de esas calles de Madrid y ¡Mierda! Vaya patata de inicio. Parece que estoy haciendo alusión a drede a una de esas canciones que alguien que escriba en un blog debe odiar... 


Bueno, va, lo dejo así...
Se la encontró caminando por alguna de esas calles de Madrid. Se fue acercando, desde lejos, mientras el frío otoñal hacía que las hojas otoñales caídas por el otoño lamiesen el suelo lleno de hojas otoñales. Era otoño (Su época del año favorita junto con el FIB). Conforme se acercaba, iba observando cada parte del ser de la chica. Nunca había visto nada así. Sus largos cabellos rubios se hallaban recogidos en una coleta bien alta que llevaba metida dentro de un gorro marrón (como el otoño) con pompón (como el otoño). Sólo dos mechones se salvaban, muy casualmente cayendo por cada lado de su frente, encontrándose muy casualmente con unos ostentosos cascos retro rojos escarlata metálicos retro alternativos cuadrados retro.

En ese preciso momento, la chica se hallaba inclinada, sosteniendo aquella preciosa Canon EOS 1100D + EF-S 18-55mm DC III XP Professional, con la que tomaba fotos de unos dulces patos que fortuitamente se hallaban en aquel estanque bajo aquel cielo nublado otoñal (era otoño). Justo cuando ella tomaba la última de sus fotos, Sebas se le acercó por detrás, y con una sonrisa interesantísima posó sus manos sobre las de ella. Ella se sobresaltó, y le contempló con una mezcla entre sorpresa y ternura (era otoño).

Sebas se sorprendió de aquellos bellísimos ojos color marrón mierda, y le dijo algo tan precioso que se sorprendió de sí mismo:

-Cómo querría fotografiar tus ojos...

La chica, cuyo nombre aún desconocía pero ansiaba conocer con resultados eróticos, le sonrió, y aseguró:

-Oh... no son gran cosa, en realidad...

Sebas negó con la cabeza. Se armó de valor, y le pidió que se alejase un poco, observando el estanque de agua que estaba frente a ella. La chica, angustiada por la situación (porque le daba mucha vergüenza que alguien le reconociese ante su cara que era bellísima), sonrió natural y dulcemente. Entonces fue cuando Sebas cogió su cámara y enfocó a la chica. No pudo menos que sonreír orgullosa y pendantemente dulcemente ante la exclamación de sorpresa de la chica:

-¡¡Tienes una Polaroid PIC-1000!!

Justo capturó esa expresión de sorpresa de la chica. O mejor dicho, de su ojo de color increíblemente curioso. La cámara instantánea imprimió al instante la foto recién tomada. La chica se acercó y cogió la foto.

-¡Oh! ¡Vaya!

Sebas respondió, contrariado:

-¿Qué?

-La foto... ¡ha... salido borrosa...! Habrá que repetirla...

Sebas no podía creerlo. Dentro de sí comenzó a surgir una ira que sabía que tenía, pues a menudo afloraba por su piel como aquellas hojas del bosque que se caían en otoño, pero al revés porque él no se caía.

- ¿¡BORROSA!? ¿¡Y POR ESO, REPETIRLA!? ¡¡NOOO!! ¡¡SOIS TODOS IGUALES!!

La chica se asustó, contrariada. Sebas cogió la foto de la chica y la lanzó contra el estanque, pero como pesaba poco y había un gran viento otoñal, la foto viró en el aire y cayó como las hojas del otoño en esa época del año. El chico salió corriendo, mientras lloraba. No lloraba por la chica, en absoluto. Había algo mucho más importante que ella. Lloraba, por su verdadero amor, por aquella por la que él llevaba enamorado tantos años desde hacía unos meses: La fotografía.

Cuando llegó a casa, tras la gran caminata del parque de al lado de su casa a su casa, encendió el ordenador. Estaba enfadado, pero debía hacer lo que tenía que hacer. Tras pasar varias fotos de su otra cámara al iMac, y tras retocarlas brevemente con el efecto Polaroid, el difuminado, color semisepia, tono besugo, iluminación angostosa y high-qualitypicseffect.expertsonly!, las subió a flickr y a unos trece sitios más.

Sólo entonces encendió el tuenti. No para subir fotos, obviamente, pues la calidad de las fotos al subirla al sitio era enormemente detestable. No, había llegado allí para algo, sin embargo, de igual importancia que la de promulgar su arte. Se unió a varias páginas... La primera, la segunda, la tercera, la cuarta, la quinta... Hubo muchas más, pero no por ello dejó cada una de ellas dejar de ello, de ser importantes.

Sebastián había hecho lo que debía hacer. Sabía que, tarde o temprano, tantísimo trabajo iba a traer sus resultados.

Las cosas nunca habían pintado mejor para Sebastián.

Y así es como se consiguen unas cuantas visitas en tuenti y en un blog. Un saludo, besos, no me odiéis.

sábado, 7 de enero de 2012

Lo que me sugiere.



Hogar es una palabra que empiezas a entender cuando tienes dieciocho.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

De testo

Es tranquilidad, o decepción, es lo mismo. Te aseguro que detesto darme por aludido sin ser llamado, odio sentir que he comprendido lo que no me han explicado. Todo en realidad consiste en expectativas, objetivos, que al final convergen de la realidad. Es un juntos podremos transformado por quiénsabequé acontecimientos en un triste meequivoqué. No entiendo en absoluto el principio, el final, pero sí los acontecimientos intermedios, los detestables, los ilusos. El iluso, yo, más no el dolido, pues eso sólo ayudaría a añadir tierra al mismo recipiente. Sabes que no me gusta ser el esto o el este.

Ahora es cosa mía, y eso es lo que también me aterroriza, en parte. Eso sí, todo suena a un hasta luego, una despedida a corto plazo que en realidad, pensado con detenimiento, tiene sentido. Luego. Más tarde.

Cuestión de cortesía, ¿qué modales o maneras ha de seguir el escritor? ¿Comportamiento? No es una pregunta triste, es una pregunta lógica, protocolaria y totalmente aceptable.

¿Te das cuenta? De todo. Te das cuenta. ¿De todo?

lunes, 14 de noviembre de 2011

Sobre dos de los verbos españoles más usados

"Me gustas" no es en absoluto lo mismo que "te quiero". "Me gustas" es más egoísta, aunque usa al segundo/a como sujeto, y aunque en un principio nos podría parecer enormemente más cariñoso, es más impersonal. Pueden gustar cosas, pueden gustar personas. Es una revelación, desde luego, el cerebro decide revelarle la información a la otra persona, y pretende una respuesta en el otro, se quiera personalmente o no. Sin embargo, y esto no es nada nuevo, "te quiero" es más tremendista. Simbólico. No es el cerebro quien lo programa, sino que sale solo, y si es la primera vez que se profiere, cuesta todavía más que salga que un simple "me gustas". No es una emoción primaria, simplista, a la que se refiere, sino que el "te quiero" llega a algo más amplio, y aunque a la vez es menos egoísta, y aunque consiste más en un acto de entrega, al mismo tiempo se olvida del segundo/a en un aspecto: No busca respuesta. Se desea, no se busca. ¿Quién va a responder "yo no te quiero" a alguien que ha dicho "te quiero"? Sólo se nos puede ocurrir el momento en el que una pareja medio discute, en plan pichurri; el chico acabará diciendo un vomitivo "jo, te quiero", y la chica le responderá con un "pues yo no te quierom" - así, con la eme, y con la boca chica -. Pero, ¿en qué otra situación? Ahora, que la respuesta a un "te quiero" puede ser alucinantemente terrorífica. Por eso nos atemora afirmar tal frase, tal texto - ¡que tiene sentido completo! -, de tal magnitud incommesurable. Habrá que decirla en el momento y lugar oportunos. Por no hablar de la persona.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Ya hace frío para ponerse gorro

Te consideras un bohemio, porque ves todos esos tuits de tanta gente obsesionada por que llegue el mal tiempo, y de buenas a primeras te das de bruces con una pantalla de frío al salir al gris, y ya está: Ahora resulta que a ti te encanta el mal tiempo. Así, como si nada. Y te dejas llevar por el yo qué sé, el qué se yo y lo que el viento se llevó, y te pones a recoger estúpidas - estás obsesionado con esa palabra - hojas de árboles debiluchos. ¡Joder! Y dejan caer las cosas, así, como si nada, las hojas, porque sí, por las espaldas. Y claro, obvio, piensas en qué animal pasará menos frío, y piensas en la lana. Y ya te sientes guay. Claro, que coges el gorro. Así vas a impedir que el frío otoñal te fría los sesos, a base de protección. Sí, en efecto, esperas que sirva para darle calor a la mente, resguardarla de la lógica el frío, pero, demoños, aún así me lo sigo quitando en lugares íntimos cerrados.

Va, desde que llegaste, lo supiste. Te gusta Madrid.